Perdidos en un paraje solitario, rodeados de buena compañía en un chiringuito, en el pico que corona una ladera o bajo el destello titilante de un faro... nadie se queda indiferente ante un ocaso menorquín.
Antes de seguir, una aclaración (y valga para todo este artículo y, por qué no, para todo el blog): nunca pretendemos ser tajantes ni definitivos. Por supuesto que hay muchas más playas, calas y rincones mágicos donde ver el sol despedirse. Esta es simplemente nuestra selección personal, con el deseo de ayudarte a acotar el camino y descubrir algunos lugares que quizás no encuentres en otras guías.

















