Mientras navegábamos por la costa oeste, nuestro capitán fue acompañando el recorrido con explicaciones sobre el fenómeno que estábamos a punto de presenciar.
Llegamos hasta Pont d'en Gil, donde la imagen ya anticipaba que no estábamos ante una tarde cualquiera: muchísimas personas se habían reunido sobre los acantilados para esperar el eclipse.
Desde allí pusimos rumbo sur, hacia el Faro de Cap d'Artrutx. Poco a poco, la Luna comenzó a cubrir el Sol, las conversaciones se fueron convirtiendo en murmullos y miradas atentas hacia el cielo.
La luz empezó a cambiar y el mar y el cielo adquirieron unos tonos difíciles de describir. Durante unos instantes, el día se convirtió en noche.
Desde el barco contemplamos el eclipse sobre el horizonte, en medio del mar. Y casi tan rápido como había desaparecido, la luz comenzó a regresar.








